lunes, 15 de mayo de 2017

Rodrigo Grillo Villegas
Rodrigo Grillo Villegas Fotos: Pedro Laguna
“Han sido dos años muy difíciles: toco desde hace más de 25 y estoy acostumbrado a tener más de 40 shows al año. Estuve sin tocar desde julio de 2015”. La abstinencia para Rodrigo Grillo Villegas ha terminado: el nuevo disco está en su recta final.
Una guitarra, teclado, amplificadores, libros y cables destacan en el espacio de trabajo del músico paceño. Un reloj marca las ocho horas diarias de entrega que él mismo se asignó —de lunes a sábado, aunque no ha podido cumplir del todo con el descanso dominical—. Luego de los conciertos del 23 y 24 de julio de 2015 en el Teatro Municipal de La Paz, que marcaron el cierre de un proyecto de 20 años, Llegas, la vida del artista ha pasado por varias etapas.
“Sí, ha sido muy triste, pero me he mantenido —no sé cómo— muy fuerte en el escenario en esos últimos conciertos. Fue una buena decisión no hacer una gira por todas las ciudades de despedida con un Adiós, Llegas; seguramente hubiera ido muy bien, pero a mí me pareció correcto cerrarlo así, fue lo más honesto”.
El plan seguía con la búsqueda de una tercera etapa. “Pasaba el tiempo y no sabía por dónde tenía que ir; estaba claro que mi carrera tenía que seguir y por eso había parado, por el amor y respeto que le tengo. Pero debía hacer algo, el proyecto Llegas ya no daba más. Fue muy buena decisión cerrarlo cuando estaba muy arriba: con casi todos los shows agotados, tras dar el gran paso a los teatros”.
Fue entonces que el músico tomó la decisión de dejar La Paz y mudarse a Argentina. “Me fui no solo a estudiar; era importante salir de mi lugar, de mi vida. Fue drástico, estuve más de un año en Buenos Aires y regresé un poco antes de lo planeado. No había ni empezado a escribir el disco, pero quería hacerlo acá. Extrañaba mucho mi tierra”.
Viviendo solo en el extranjero por primera vez, se entregó a su formación en arreglos musicales, pero también a vivir la experiencia. “Volver a clases me hizo muy feliz: regresar a los trabajos, el cuaderno, los horarios... Aprendí muchas cosas sobre mí también: a estar solo y a hacer una vida de estudiante a esa edad, me fui a los 47. Vivía en un monoambiente, usaba transporte público, viajaba para ir a clases más de una hora, hacía filas, pasaba frío, calor en verano... ha sido muy productivo”.
Un punto que los seguidores recuerdan con especial cariño sucedió el 26 de agosto de 2016. Sin micrófono y “a puro corazón” grabó en Youtube un concierto íntimo desde su habitación en la calle Bulneses, en el barrio de Almagro, por el 20 aniversario de Huye el sol. “Es un disco que quiero muchísimo, fue el que inició mi segunda etapa. No había posibilidad de volver ese rato, así que agarré mi camarita y, sin micrófono ni nada, toqué casi el álbum entero”.
“Un concierto único. Gracias a este álbum aprendí a tocar la guitarra, recuerdo que en tu primera página colgabas los acordes de tus temas, los tenía en una libreta. Ahora mi hijo es también un admirador de tu arte”, escribió Amed Sami, entre muchos de los comentarios al video.
“La gente entendió y sintió lo que yo estaba mandando. La emoción que se veía y se sientía estaba ahí, estaba solo en el cuarto y sonaba lo que suena en una ciudad inmensa, sirenas, gritos, bocinas, perros... no sé si mucha gente ha prestado la atención al fondo que forma parte del audio”.
Retorno. “Volví con mucha más seguridad, sabía que estaba cerca de un camino diferente. Me puse a escribir. Había cortado con mi pareja, así que mi novia ha sido mi álbum, mi vida ha sido mi álbum y lo sigue siendo, casi de una manera obsesiva”.
En este espacio de trabajo nacieron las nueve canciones del disco. El desafío: hacer algo muy distinto a Llegas. “Estoy recontraenamorado de mi disco. Está más complejo y distinto armónicamente, con muchas cosas que he aprendido, además de arreglos de armonías vocales que ya conocía pero que he optimizado”.
El renacimiento no solo fue armónico, implicó la ruptura de convenciones. “También hay un cambio en la narración. Me he puesto varios puntos de los que debía partir para reinventarme, como salir del esquema de la estructura de canción rock pop”.
Así que quien espere un álbum que contenga temas con la clásica “estrofa, estrofa, estribillo y repetición” se topará con un material arriesgado. Cada canción ofrece una sorpresa estructural, instrumental y vocal. “Después de 20 años con una cantante femenina, que ha sido como marca, canto yo. Tengo un amigo que ayuda en coros, pero en general canto yo”.
El disco está en este momento en pleno proceso de mezcla en Chile, cuenta. Entonces se anima y deja que un equipo que tiene en la sala adelante algunas primeras versiones. Villegas no es actor: le es imposible disimular el disfrute de estos primeros resultados.
Ha aumentado las partes instrumentales, ha jugado con la estructura rítmica, experimentó con la armadura de la música folklórica, tocó el bajo —en cinco canciones— y la guitarra, y dobló los coros. Es un Grillo Villegas en pleno, pero con otro sonido.
En la grabación ha buscado que el trabajo cobre vida propia. “Las canciones siempre toman su camino, van decidiendo por dónde van a ir. Es mi disco número 28 y he aprendido que es así, al menos en mi caso. Pensé que este álbum iba a ser más acústico, más tranquilo, pero no quiso. Yo me propuse dejar que un gran porcentaje de las decisiones se tomen en el estudio. Cuando aprendes a moverte y navegar ahí es lindísdimo; te puede regalar montón de cosas frescas”.
La mezcla ahora se realiza en el estudio Artefacto de Santiago y el trabajo con el ingeniero de sonido Joaquín García se hace a través de contactos por internet. El boliviano estará presente en el estudio entre el 15 y 20 de mayo para las últimas correcciones.
“En la etapa Llegas, mi ingeniero de cabecera ha sido Mariano López (afamado músico y sonidista en Argentina), siempre ha sido motivo de orgullo. Pero era momento de cambiar, así que luego de pasar por varias entrevistas me decidí por Joaquín García, que ha trabajado con Los Prisioneras Lucybell, Los Tres, Los Tetas y otros. Además remasteriza los viejos discos de grandes como Violeta Parra. Luego de escuchar lo que hace con el disco me doy cuenta de que sueno distinto, me reconozco diferente”.
Queda la fabricación de los discos en Perú, subir el material a las plataformas virtuales, el diseño, las fotografías y la búqueda de financiamiento para dos videos.
“Pero nada es más importante que el trabajo y poder sentir que estoy recontravivo, con un montón de cosas nuevas para decir”.
La agenda hasta fin de año está llena. Partirá el 13 y 14 de julio en el mismo escenario en que le dijo adiós a Llegas: el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez y luego realizará una gira por el país.
“No sé si aguantaré la emoción de volver a subir al escenario; es diferente. Hay harta presión: tengo que ver si la gente va a responder, si el cariño continúa, si el disco les ha gustado, si la banda está asentada... tiene que sonar bien. Va a ser muy difícil que no me quiebre el rato de subir, tengo miedo de que se me rompa la supuesta fortaleza”.
Sin embargo, el miedo es lo de menos: todo lo vivido augura una nueva etapa llena de desafíos y alegrías. “Igual ya estoy fantaseando con los conciertos: quisiera ya escuchar a la gente, que se abra el telón y volver a tocar”.
Un artista icónico de Bolivia
Rodrigo Grillo Villegas Jáuregui nació en La Paz 29 de febrero de 1968, es compositor, guitarrista y cantante. Integró los grupos de rock Fox y Llegas, y cerró un ciclo de 20 años de carrera de su proyecto personal Llegas en 2015. Ha grabado más de 20 discos y alista su tercera etapa.
La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas La Paz
09:39 / 10 de mayo de 2017
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