domingo, 8 de mayo de 2016


Stanley Jordan, guitarrista estadounidense, cuyo aporte fue vital para renovar el jazz en los 80, regresará a Bolivia, luego de tres años (en 2013 tocó en La Paz), para brindar una serie de conciertos en junio.


En esta ocasión, además de la sede de Gobierno, actuará en Cochabamba y Santa Cruz. El innovador artista, dueño de la técnica del tapping, habló con EL DEBER.



¿Qué recuerda de su anterior vivista a Bolivia? 
Recuerdo que di un concierto y también dicté un seminario. Me encantó la vitalidad de la ciudad (La Paz) y la dedicación de los estudiantes. El aire de la montaña era refrescante y curativo. Cuando dejé La Paz mi siguiente concierto fue en Tokio, pero hubo algunos retrasos en el viaje, por lo que terminé volando 45 horas. ¡Al final llegué al escenario media hora antes de la función! Todo el mundo pensaba que yo iba a estar medio muerto, pero en realidad terminé dando un gran espectáculo. 



Creo que estaba lleno de energía por la gran experiencia de haber tocado en La Paz.



Antes de esa experiencia publicó el disco Friends, que representó su retorno al jazz. ¿Qué has estado haciendo en los últimos años?
De alguna manera nunca me aparté del jazz. Friends fue un proyecto especial para mí, porque llegué a compartir y trabajar con algunos de mis músicos favoritos del jazz. 



Desde entonces he publicado un álbum con el guitarrista Kevin Eubanks, que se llama Duets. Kevin y yo tenemos una gran química musical y fue un gran placer compartirlo con el mundo. 
Aunque no fue el creador del tapping, esta técnica se convirtió en algo casi de su propiedad. 

¿Qué lo motivó a desarrollarla?
Yo la llamo la técnica táctil. Me baso en la idea del piano, que fue el primer instrumento que aprendí a tocar. Yo quería tocar con más independencia a dos manos y poder hacerlo usando las técnicas convencionales de la guitarra. Tuve que experimentar para encontrar la manera de hacerlo. Hoy estoy muy satisfecho con el resultado. Me encanta la luz de sonido angelical que se genera con esta técnica. Es un sonido que habla a mi alma.



¿Por qué decidió sumergirse en la terapia musical?
Todos tenemos una especie de llamado. Y si tenemos suerte, nos daremos cuenta de lo que es. Para mí, este llamado no fue únicamente musical. También quería ser una especie de sanador. La terapia musical combina ambos de esos sueños, por eso se convirtió en algo muy importante para mí.



¿Qué siente que le hace falta en su carrera artística?
A través de los años he viajado intensa y extensamente. Hasta hoy he tocado en cerca de 70 países. Quiero seguir conociendo nuevos lugares, pero también quiero tomarme más tiempo para estar en casa y componer música. Tengo un montón de ideas como compositor. Los viajes me permiten obtener un montón de inspiración, pero luego tengo que ir a casa y destilar todo eso para crear nueva música.

Fuente: EL DEBER.
Reacciones:

0 comentarios: