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Especial: El metal no está muerto.

Black Sabbath - La Plata

Tal vez para poder entender realmente porque más de 40 mil personas peregrinaron un domingo de octubre a La Plata habría que mirar casi 50 años atrás. Porque no fue la devoción a una virgen ni un partido de fútbol el que hizo que una marea de gente se reuniera en el Estadio Único. No fue un acto político ni el amor a una bandera… Fue una oscura leyenda que se inició en Birmingham en 1968 y que hoy continúa más vigente que nunca: fue por Black Sabbath. Sí, por la sagrada unión de Ozzy Osbourne, Tony Iommi y Geezer Butler arriba de un escenario. Por esos eternos himnos que marcaron el inicio de una época gloriosa en el rock and roll y que inspiraron –y lo siguen haciendo- a millones de personas en todo el mundo. Fue, nada más y nada menos, que por el heavy-metal.
Porque si todavía quedaban dudas de la mortalidad de este género, hacía falta ver en a estas leyendas arriba de un escenario en nuestro país para comprobar que está más vivo que nunca. Que no importa el paso del tiempo, porque si todavía siguen existiendo bandas como estas el metal está a salvo.
El alerta de la sirena le dio paso al endemoniado riff de guitarra de Iommi dándole vida así a la eterna War Pigs. Y es durante esos primeros ocho minutos en los que uno se da cuenta, entiende realmente porque 40 mil personas decidieron viajar a La Plata. Porque la voz de Ozzy te transporta a un lugar de ensueño donde las pesadillas son emocionantes. La guitarra de Tony te hipnotiza y te hace perder el sentido del tiempo. Y Geezer Butler logra ponerte la piel de gallina con su groove escalofriante. Eso es Sabbath, una banda compacta y potente que después de tantos años hace temblar hasta al más rudo al punto de hacerlo lagrimear en pasajes históricos.
La lista de temas intercaló clásicos de toda su carrera con algunos temas de su más reciente trabajo de estudio: Into The Void, Snowblind, N.I.B. –con un tremendo solo de bajo de Geezer demostrando su virtuosismo con el CryBaby y su calidad musical- se mezclaron con End of the Bginning y God Is Dead? de 13.
La oscuridad se hizo totalmente presente cuando el sonido de la lluvia y las campanas anticiparon uno de los momentos más impresionantes de la noche: Tony Iommi hizo rugir sus dedales y la tenebrosa Black Sabbath sonó electrizando al público y generando uno de las mayores ovaciones del show –la eterna carcajada de Ozzy sobre el final hizo que el estadio se rindiera a sus pies y elevara la figura del dios del metal hasta lo más alto de los cielos.
Ozzy dejó unos minutos el escenario para que la banda se luciera en Rat Salad, ése clásico instrumental de Paranoid que hizo que la gente entendiera porqué hoy Bill Ward no está dentro de la gloriosa formación. Porque Tommy Cufletos es una bestia. Un verdadero animal detrás de la batería. Cinco minutos de solo fueron más que suficientes para dejar en claro que tiene las condiciones necesarias para ocupar un lugar en este legendario grupo.
El “Olé, olé, olé, Sabbath, Sabbath” se hizo cada vez más fuerte con el correr de la noche y la constante estimulación de Ozzy con sus brazos abiertos y sus dedos en V hizo que el grito enmudeciera a la banda en más de una oportunidad.
Iron Man desató la euforia y la emoción en las 40 mil almas metaleras, y Dirty Woman hizo que el éxtasis fuera completo. Pero todavía había tiempo para algo más…
“Este es el último tema, pero si prometen volverse totalmente locos puede ser que toquemos algo más” prometió Ozzy obligando a la gente a tirar el estadio abajo cuando el riff combativo de Children of the Grave del clásico Master of Reality sonó. Mirando al cielo y agradeciendo la energía del público, el Padrino del Heavy Metal le regaló a la gente lo que tanto habían buscado: una última e impresionante versión de Paranoid para cerrar el histórico show de Black Sabbath en el Estadio Único de La Plata.
El sueño había terminado… La oscuridad ya era sólo un recuerdo y el cielo despejado le dio comienzo nuevamente a la peregrinación. Esta vez con una  gran certeza en mente: si Black Sabbath, quienes crearon el género hace más de 40 años, siguen sonando el metal nunca morirá.
Una previa caliente
Si bien la gran estrella de la noche era Black Sabbath, la previa tuvo un condimento muy especial que hizo que el show de la legendaria banda inglesa se transformara en un mini-festival metalero. Horcas y Megadeth fueron los encargados de calentar la previa y hacer la espera mucho más amena.
La sinfónica del Colorado Mustaine se lució en un show de unos cuarenta minutos en los que no faltaron clásicos como Peace Sells, Sweating Bullets, Hangar 18 y el aclamado Symphony of Destruction con un coro demoledor –el típico “Megadeth, Megadeth aguante Megadeth” acompañando el eterno riff fue cantado por más de 30 mil personas y dejó con la boca abierta a los cuatro músicos.
El final llegó con Holy Wars… The Punishment Due. Un cierre perfecto para una previa caliente.
Pablo Vio
Fotos: José Luis García 

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