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domingo, 17 de marzo de 2013

Especial: Nuevos sonidos, la música a salvo.

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Hay ocasiones en que el árbol impide ver el bosque. Y otras donde es precisamente al revés. Traducido a términos musicales, hay tanta literatura sobre rock a esta altura del partido, tratando de hacer encajar seis décadas de historia en un cronología orgánica y prolija, que nos hemos encandilado buscando la nueva movida: el nuevo envión sinfónico, la nueva revolución punk, el neo-grunge, el regreso del Britpop, etc., etc.
Pero una característica interesante y digna de apreciar en esta segunda década del siglo XXI es que, al son de las comunicaciones cada vez más inmediatas, las experiencias musicales son compartidas en paralelo. Para explicarme mejor: uno se entera en forma simultánea de que una banda rusa desafió el atavismo de las autoridades al mismo tiempo que escucha los sones de un novedoso guitarrista africano o los flamantes sonidos que emergen de las capitales tradicionales del pop, como Londres o Nueva York.
Entonces, es comprensible que haya voces que añoren una “movida” de las que la prensa musical solía hablar antaño –siempre presentadas a gusto y placer de los escribas, de todas formas- pero la realidad musical de 2013 es bien diferente: existen muchas manifestaciones musicales excitantes y hasta novedosas, pero no hay necesariamente un elemento que las reúna en un fenómeno colectivo, ni estilista ni geográfico. En lugar de lamentar esta dispersión, pienso que lo mejor es abrazarla y regocijarse con la explosión de estos nuevos (y no tan nuevos) artistas que aparecen en el firmamento mundial.
La ruptura de esquemas en el 2013 es más silenciosa que, digamos, el grito de “no future” de un Johnny Rotten en 1977 o el “no fun” de Iggy Pop en el ’68, pero el hecho de que tome otros carriles de expresión no quiere decir que no opere, en el fondo, con un mismo impulso iconoclasta. Tomemos, por ejemplo, el disco Arc de los ingleses Everything Everything. Pasan temas como “Cough cough”, “Torso of the week” y “Duet” y uno ve, como cuando se mezclan colores en una paleta, la forma en que convergen el pop tradicional con los sonidos desafiantes del post-punk experimental inglés. Luego apreciamos voces en falsete propias de la mejor explosión coral New romantic y framentos de melodías barrocas que asociamos con The Zombies circa Odessey and Oracle, con orquestaciones al tono.
Si no fueran tan variadas y eclécticas sus manifestaciones musicales actuales, la prensa británica ya estaría hablando de un neo-Manchester, ya que esta urbe inglesa que alguna vez fue epicentro de la revolución industrial, lleva ya décadas produciendo música original y urticante. Piensen en Buzzcocks, The Fall, Joy Division, Magazine, The Smiths. Y bien, el siglo XXI ha contemplado un nuevo Manchester musical a partir del sonido melodioso y a la vez de letras críticas y melancólicas de Elbow y sus rivales y amigos, I Am Kloot. Y justamente I Am Kloot acaba de producir una de las tempranas perlas musicales del 2013 con el álbum Let It All In, un compendio de poesía impregnada de romanticismo y a la vez de fiebre existencial, enfundado en un continente musical rico y variado. De la misma ciudad provienen Dutch Uncles con un similar regodeo por los ritmos medios y cuidadas melodías. Las canciones de Out of Touch in the Wild  no revelan todo su juego en la primera audición sino que van construyendo sus mapas de estímulos y revelaciones poco a poco en la conciencia del oyente. Lo de Courteeners, en cambio, tiene un vínculo algo más cercano con el rock y el pop más extrovertido que uno asocia con estribillos que se dejan corear y voces dramáticas. Anna, su tercer álbum, tiene todo eso pero también se dispara con rumbos poco predecibles, demostrando que esta banda, favorita de festivales, tampoco quiere ser encasillada.
Palma Violets llegan precedidos de un poderoso “hype” de la prensa musical inglesa. En ocasiones similares –Oasis, The Libertines, Vaccines, etc.- pude comprobar que junto con la música en sí, lo que se celebra en estos casos es cierta actitud de “nos vamos a comer el mundo” que parecen transpirar los músicos en sus presentaciones en público. El álbum 180ayuda a poner las cosas en su justa perspectiva: giros melódicos à la Kinks, cantos tribuneros, beats machacantes, un horizonte musical limitado pero atractivo por su empuje primal –la tentación de decir “neo-punk” es grande- y un suficiente coeficiente melódico como para balancear el todo, hacen que los Palma Violets sean nuevos abanderados de un pop inglés que está lejos de izar bandera blanca.
No me asusta el “grandiosismo” en el pop. Si tardé en comprender hace cuarenta años la sustancia y hasta el sentido del humor que había detrás de las bombásticas excursiones de Queen, no cometí el mismo error con la ELO, The Killers o, para el caso que aquí me ocupa, Foals. Holy Fire tiene bien puesto el nombre, porque hay algo de fuego sagrado en la convicción de las voces engarzadas y pulidas en un loable esfuerzo de producción, y en las melodías que tienen algo de angelical abandono. Foals suena familiar pero no se parece a ninguno de sus colegas del espectro pop inglés y eso ya es un mérito per se.
Aquí hagamos una pausa en los músicos nóveles para hablarles del retorno de un hijo pródigo. El australiano Nick Cave se ha despachado con un gran álbum llamado Push the Sky Away, con sus remozados Bad Seeds entre los que hubo un cambio de piezas, ya que el histórico guitarrista Mick Harvey dejó su plaza, que no fue llenada, es decir que en el nuevo disco las guitarras, donde las hay, no son el instrumento preponderante. Esto, sumado a una temática menos tajante que los varios discos previos donde abundaban las “murder ballads”, ha dado como resultado una serie de obras de especial sensibilidad, de un romanticismo a flor de piel, con componente entre decadente y barroco, que le queda de maravillas al ex Birthday Party.
Lo bueno de la exageración periodística sobre nuevas movidas musicales, reales o imaginarias, es que a menudo ayudan a desarrollar algo que estaba en ciernes. Mucho se habló en los últimos años de un “neo-folk” que tomaba como antecedentes lejanos la música de The Band y encontraba su realización actual en un grupo explosivo en melodías y armonías vocales como Fleet Foxes. Y bien, “hype” aparte, hubo un zeitgeist de artistas que tenían a la liturgia del folk-rock como punto de partida para su repertorio y hubo una explosión de excelentes álbumes que recién ahora empezamos a digerir deltodo. Uno de los exponentes que más se ha abierto paso en la consideración de los escribas especializados y de un sector del público en meses recientes es el grupo irlandés VillagersBecoming a Jackal nos advirtió que la cosa venía en serio hará unos tres años, y su álbum flamante, {Awayland} –así, entre corchetes- es la prueba fehaciente que estos músicos tienen tela para cortar. Muchas melodías delicadamente trabajadas; cálidos climas, buenas letras. Otro de los puntos fuertes de la temporada musical.
Me quedé con ganas de hablarles de los nuevos rumbos experimentales de lo que otrora se llamara “progresivo” y también de los sonidos renovados de África. Si, es cierto, se viene una segunda parte de este artículo sobre nuevos sonidos. ¡No se la pierdan!
Alfredo Rosso

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