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The 2nd Law.



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Si había algo que le faltaba a Muse en su carrera era un disco como The 2nd Law. Después del éxito de The Resistance, la banda se tomó tres años para lograr quizás su álbum más ambicioso y seguramente el más experimental de toda su discografía.
La diferencia radica en los sonidos, en su esencia, su ritmo… Porque si algo había caracterizado a Muse en estos casi quince años de carrera y cinco álbumes de estudio, era su innovación, ese rock futurista que tanto había llamado la atención en un principio. Pero ahora la banda decidió dejar a un lado esa faceta y para este nuevo álbum se inspiró claramente en los 80, la gloriosa década de los sintetizadores y los potentes bajos. De hecho, The 2nd Law casi en su totalidad podría funcionar como un lindo homenaje de dicha época.
Guitarra al palo, batería potente y teatralidad al mango para arrancar Supremacy, el poderoso tema con el que iniciaThe 2nd Law. Y es desde ese mismísimo momento uno se puede dar cuenta de la genialidad que se esconde detrás Matt Bellamy. Sus letras, su voz, su versatilidad… No es casual que hoy en día sea considerado uno de los mejores y más llamativos cantantes del rock.
Con Madness, el segundo de los cortes del disco, uno puede notar esa influencia de la que tanto habían hablado antes del lanzamiento del álbum: un poco de I Want To Break Free de Queen, otro poco de Bowie y algo del Joshua Tree de U2. Una combinación explosiva que conquista desde un principio y se queda sonando en tu cabeza por varias horas más.
Y si de influencias hablamos, no hay algo más ochentoso en el disco que lo que uno escucha cuando le da play aPanic Station, el Suicide Blonde –INXS- de la nueva generación. El sonido del bajo viaja por tus oídos y hace que hasta la última extremidad de tu cuerpo se mueva al ritmo de este funk histérico y pegadizo.
El rock oscuro vuelve a aparecer de la mano de Animals, una crítica fuerte y directa al mercado económico internacional que es descripta por Matt Bellamy como un “flamenco metalero y psicodélico”. Sigue con Explorers, otro ataque a las industrias y compañías que contaminan el medio ambiente sin importar las consecuencias en el futuro. Con algunas cosas de Blackout e Invincible –viejos temas de Muse-, la canción consigue explotar con su coro pegadizo y algo romántico.
Pero el disco se vuelve a poner en clave ochentosa y hitera cuando Big Freeze aparece. El riff “edgesiano” –la guitarra sin dudas tiene gran influencia de The Edge de U2- le da inicio a uno de los mejores temas del disco. El bajo de Chris Wostenholme y la batería de Dom Howard mantienen el orden de manera perfecta, mientras la voz de Matt Bellamy se contagia con su guitarra y alcanzan una simbiosis perfecta que te hacen repetir el tema una y otra vez.
El final llega con el prometido –pero algo innecesario- dubstep. Unsustainable e Isolated System, dos canciones que mezclan el rock progresivo con la electrónica, cierran este sexto disco de Muse. Una ambiciosa propuesta que sube al trío de Devon un escalón más arriba y los establece como uno de los grupos más interesantes de este nuevo siglo.
Pablo Vio

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